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La Fórmula 1 y el riesgo de convertirse en una alfombra roja

  • Foto del escritor: Guadalupe Gimenez Picchio
    Guadalupe Gimenez Picchio
  • 11 dic 2025
  • 3 Min. de lectura

En los últimos años la Fórmula 1 dejó de ser solamente la cumbre del automovilismo para transformarse en un show de relaciones públicas. Antes el foco estaba puesto en la pista, estrategias, maniobras, talento puro y riesgo calculado. Hoy, en cambio, la categoría parece correr dos carreras simultáneas: una en el asfalto…y la otra en la alfombra roja.

Por: Guadalupe Gimenez Picchio


La llegada de nuevas audiencias, especialmente las más jóvenes, para las que todo pasa a través de las redes sociales, impulsó que la F1 se volcara a una estética más propia del espectáculo global que del deporte motor tradicional. El boom de Drive to Survive, los paddocks repletos de celebridades, la obsesión por el marketing de las escuderías y la exposición constante de las parejas de los pilotos, influencers y figuras de las redes sociales cambiaron el paisaje. El paddock que alguna vez fue un santuario técnico y hermético, se volvió un pasillo VIP donde la cámara busca enfocar más a las novias de los pilotos y su nuevo vestido que un adelantamiento o maniobra en la pista, como pasó por ejemplo en el Gran Premio de Singapur donde se perdieron adelantamientos como el de Carlos Sainz a Franco Colapinto y Gabriel Bortoleto o Fernando Alonso llegando a los puntos. Ninguno pudo observarse porque la transmisión oficial enfocó a las familias y parejas de los pilotos.

El problema no es modernizarse, el problema es desbalancear. Cuando el show empieza a pesar más que lo deportivo, algo se pierde en el camino. Se vuelve visible en fines de semana como los de Miami, Las Vegas o Austin: presentaciones interminables, desfiles, homenajes y actuaciones publicitarias que ocupan la misma relevancia que la clasificación o análisis de equipos. Este año en Las Vegas fue cuando más se pudo apreciar dado que antes del desfile que hacen los pilotos cada domingo previo a la carrera, el cantante Louis Tomison brindó un show de 6 minutos para que después fueran presentados por Kane Brown, los hicieran desfilar en una alfombra roja y los recibiera Mickey Mouse antes de subirse al camión que siempre los lleva a dar un desfile por la pista para que los fanáticos lo vean. También es un obstáculo cuando los pilotos se prestan para el show y construyen su imagen alrededor de las publicidades y deja de sentirse genuina la interacción con el piloto.


La elección de otro camino sin desvirtuar el deporte


En contraste, el Moto GP transitó un camino diferente. También modernizó su imagen, incorporó marketing, redes y espectáculos alrededor de los Grandes Premios. Pero lo hizo a escala de su propio público sin invadir la raíz del deporte. El fanático del motociclismo sigue encontrando lo que buscó siempre: carreras impredecibles, pilotos accesibles, contacto humano y un paddock donde, aunque hay sponsors y cámaras, la prioridad sigue siendo la pista. La esencia no fue maquillada para atraer a un público que nunca miró motos: fue reforzada para que siga creciendo desde la pasión genuina.

 


La sensación es que, mientras el Moto GP expandió el deporte desde adentro, la Fórmula 1 lo está haciendo desde afuera. Y el riesgo es claro: convertir el campeonato más prestigioso del mundo en una pasarela global donde el punto central no sea quién frena más tarde en la curva 1, sino quien aparece en la hospitality de tal equipo.

La F1 siempre fue un circo, pero solía ser un circo de ingenieros brillantes, pilotos al límite y autos que representaban lo máximo de la tecnología humana. Hoy, muchas veces, parece un circo publicitario donde lo deportivo terminó opacado por el espectáculo.

 

La pregunta es simple ¿Puede la Fórmula 1 volver a encontrar el equilibrio?

Porque si el deporte queda relegado, lo que se puede generar en audiencia se puede perder en autenticidad. Y la autenticidad, en el deporte motor, vale más que cualquier patrocinio.

 
 
 

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